Amanecer

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 La Resurrección de Akatsuki

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Uchiha Dante
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MensajeTema: La Resurrección de Akatsuki   Dom Jul 19, 2009 11:15 pm

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AVISO: El siguiente fanfic contiene spoilers de Naruto. Si lo leen, es bajo su responsabilidad.

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Capítulo 1: Reunión



Base Secreta Akatsuki. Reunión de los integrantes restantes.

- Nagato acaba de expirar su último aliento. Pain definitivamente ha muerto- anunció Zetsu.

- Ya veo... Jamás pensé que Pain sería derrotado, y mucho menos por el imbécil de Naruto... - la voz de Madara resonaba poderosa en las paredes rocosas del oscuro refugio.

- A raíz de esto, Konan ha decidido abandonar Akatuski, con lo cual ya sólo quedamos nosotros. - Zetsu paseó la mirada lentamente por los rostros de Madara y Kisame: los últimos miembros de Akatsuki, contándelo a él mismo.

- Nosotros tres somos mucho más que suficiente para apoderarnos del Hachibi y del Kyuubi- bramó Kisame, optimista y seguro de sí mismo.

- Me planteaba si tal vez el hermano de Itachi y sus amigos pudieran unirse a nosotros... - meditó Madara en voz alta.

- ¿Sasuke, Karin, Juugo y Suigetsu? Encierran un gran potencial, eso es cierto. Pero aún habría que asegurarse de su lealtad, ¿no creen?- apuntó Zetsu con su prudencia habitual.

- Los necesitamos y ¡YA! - interumpió el lado oscuro de Zetsu.

- Shhhhhhhhhh... cállate. Aún hay mucho que discutir respecto a eso - le respondió el lado racional de Zetsu.

- Está claro que la situación es crítica, caballeros. Tengo un plan, y me gustaría contárselo en persona... Reúnanse conmigo en la antigua guarida de Orochimaru en el país del Sonido dentro de dos días. Les interesará, créanme...

Las siluetas de los poderosos ninjas se disolvieron y la estancia quedó vacía y tan oscura como lo había estado siempre. ¿Qué planea Madara?


Capítulo 2: Hidan


Tras una ingeniosa treta, propia del inigualable intelecto de Nara Shikamaru, el joven Chuunin logró desmembrar el cuerpo de Hidan y enterrar sus restos en un pozo perdido en el bosque del clan Nara. Allí, Hidan, rebosante de vida y sed de venganza, esperaría el día -tal vez no tan lejano- que alguno de sus compañeros lo trajera de vuelta.

Anochecía, y el halo nebuloso de la luna llena engullía el bosque del clan Nara. Los pinos, de tonalidad oscura, mecían sus cuerpos erguidos con elegancia sobre los demás, al son de la brisa, que soplaba, jugueteando entre sus ramas.

Un grupo bastante nutrido de guardas se abalanzaron sobre Kisame, armados con sus katanas. Kisame, al mismo tiempo descorría la venda de su enorme espada y la dejaba caer, orgullosa, sobre sus enemigos. El filo de Samehada, aserrado y mortal, desgarró sin piedad la carné y desmembró con una facilidad espantosa sus cuerpos temblorosos, arrebatándoles cualquier oportunidad de defender sus vidas. Aún así, el coraje de los Nara era inmenso.

- ¡Kage Mane No Jutsu! – un poderoso Nara realizó los sellos de la extraordinaria técnica propia de su clan, intentando inmovilizar al titán, pero Kisame no se dejó coger. Antes de que la sombra le alcanzara, cosa que era harto fácil a causa de la abundancia de penumbra entre los árboles, inició una técnica:
- ¡Mizukyou No Jutsu!

Una potente esfera de agua salió disparada de su boca y estalló violentamente contra el ejecutor del Kage Mane, que cayó inconsciente al suelo. Los demás defensores, aún no muy hábiles en el empleo del Kekkey Genkai del clan, se sintieron indefensos y trataron de huir y pedir más refuerzos, pero fue en vano. Kisame los atrapó a todos gracias a la técnica suiton Suirou No Jutsu, y los mantuvo dentro de las esferas hasta que murieron ahogados. Un último guerrero lo asaltó por la espalda con un kunai. Kisame, con unos reflejos endemoniados empuñó de nuevo su espada y le practicó un tajo vertical certero, que destrozó el rostro y el pecho de su atacante, dejando tras de sí un enorme reguero de sangre. El cuerpo cayó brutalmente mutilado al suelo.

Kisame cargó de nuevo su poderosa espada Samehada al hombro, chorreando sangre fresca. A su alrededor yacían por decenas los cadáveres exánimes de los miembros del clan Nara, que inútilmente habían tratado de detenerles.

- Ahh… ¡esto me ha sabido a poco! Samehada está aún sedienta de más…- se quejó Kisame, mientras observaba a su compañero desplazar con cierto esfuerzo la pesada roca que sepultaba el cuerpo de Hidan, tanto tiempo abandonado.
- Éste es el sitio…

Nada más retirar la piedra, la voz de Hidan, impaciente y rebosante de vitalidad, como siempre, resonó desde el fondo:

- ¡Veo que os lo habéis tomado con mucha calma! Sacadme de aquí ya. Las cucarachas me están empezando a irritar.

Kisame saltó al interior del oscuro agujero y recogió la cabeza de Hidan, para posteriormente arrojarla a los brazos de Zetsu, que esperaba arriba.

- ¡Ey, más cuidado! ¡Si no me tratas como es debido te echaré una maldición, so burro!- bramó la cabeza de Hidan, mientras Kisame desenterraba el resto del cuerpo, diseminado por el agujero.

Una vez que recogieron todas las partes del cuerpo, Zetsu comentó:

- Al menos han sido cortados limpiamente. No hay pedazos sueltos.
- Sí, ¡vaya una alegría! Mejor que me llevéis cuanto antes con Kakuzu. Tiene que coserme y no hay tiempo que perder.
- Kakuzu es historia, amigo mío… - anunció Kisame con un tono rudo y despreocupado, casi sonriendo.
- ¿¡Cómo!? ¿Y ahora quién va a recomponer mi cuerpo?
- Confío en que nuestro líder tenga alguna solución pensada…
- ¿Lider? ¿Quién? ¿Pain?
- No. Tobi.
- ¿Tobi? ¡Ese tío es un completo inepto! ¿En qué demonios estáis pensando?
- Ah, es cierto, que tú no lo sabes aún. Ese cabrón nos ha tenido engañados bastante tiempo- se rió Kisame.
- Tobi había estado ocultando su verdadera identidad hasta ahora. En realidad, él es Uchiha Madara, y es el verdadero líder de Akatsuki. Pain, el único que lo sabía, siempre estuvo bajo sus órdenes- informó Zetsu.
- ¡¡Y ahora Pain está jodido!!- se mofó sin previo aviso el lado irracional de Zetsu.

Hidan, cuya cabeza aún reposaba en los brazos de Zetsu, frunció el ceño.

- ¿Pain ha muerto?
- ¡No es el único, chaval! De hecho, los únicos que quedan son los que estamos aquí y Madara. Ha sido bastante interesante.
- ¿Cómo murió Kakuzu?- preguntó Hidan, confuso.
- Lo mató ese chaval rubio de Konoha. No sabemos demasiado, pero usó una técnica que me pondría hasta a mí en serios problemas – volvió a carcajearse Kisame.

Los tres permanecieron unos instantes callados, reflexionando sobre las palabras de Kisame, que no hicieron otra cosa más que recordar unos hechos tan irrebatibles como sus ansias de venganza.

- Debemos ponernos en marcha. El líder nos espera… - apuró Zetsu.

* * *

Hidan abrió y cerró los puños. Alzó los brazos y palpó su cabeza con las manos. Su cuerpo había sido completamente reconstruido y no habitaba en él la menor cicatriz o marca.

- ¡Wow! ¡Es impresionante! Jamás pensé que existieran maestros tan buenos como Kakuzu en estas cosas.
- El señor Madara siempre ha sido un hombre generoso conmigo y con mi familia. Es lo menos que le debo – la voz del sastre sonaba aguda y rasgada, y el timbre era desagradable al oído.

El hombre que cosió el cuerpo de Hidan era bajo, escuchimizado y de aspecto enfermizo y desquiciado. Siempre andaba encorvado y presentaba varias cicatrices. El hilo de coser recorría casi todo su cuerpo, como si de venas se tratasen. Era un verdadero engendro, pero sus manos, grandes y de dedos alargados y finos, sabían trazar perfectos remiendos y su habilidad no tenía par. No se sorprendió en absoluto cuando se le pidió que recompusiera un cuerpo vivo.

Hidan estaba contento de poder moverse con libertad tras tantos meses encerrado en aquel agujero.

- Ha sido un buen trabajo, Ganzou-san. El señor Madara estará satisfecho – le felicitó Zetsu con su característico tono distante y apagado.

Ganzou asintió compulsivamente y los despidió.

- El líder desea vernos. Quiere explicarnos algunos cambios que dese hacer.

Una vez llegaron a la guarida Akatsuki, varios rostros cubridos por el sakka propio de la organización les esperaban. Zetsu se adelantó unos pasos y dijo algunas palabras a Madara, las cuales Hidan no acertó a comprender.

- ¡Vaya, vaya! ¡Cuánto tiempo, Hidan! – saludó Madara,
- Y tanto… ¡ya pensé que os habíais olvidado de mí, desgraciados! Estoy contento de que al final Jashin atendiera mis súplicas.
- Sí… bueno, permíteme presentarte a tu nuevo compañero de equipo…

Una de las oscuras siluetas que se hallaban alrededor de Madara se acercó a Hidan y descubrió su rostro.

- Espero no tener demasiados problemas contigo…

Hidan tardó unos segundos en reaccionar y reconocer el rostro de aquella persona, pero una vez se dio cuenta, su cara se convirtió en un cuadro de sorpresa.

- ¡El hermano de Itachi! ¿No es verdad? ¡Qué noticia! ¿Qué ha pasado con tu hermano?
- Lo maté. – respondió Sasuke de forma escueta y fría.

Los ojos de Hidan se agrandaron de asombro. No daba crédito a lo que escuchaba. Cuando asimiló las palabras de Sasuke, rompió a reir.

- ¡Así que mataste a tu hermano y ahora… has ocupado su posición! – Hidan desvió la vista al anillo que Sasuke portaba, en el cual podía leerse el kanji ‘’Escarlata’’.

- Taka, el equipo de ninjas formado por Sasuke ha decidido incorporarse a nuestra causa. El resto del grupo lo forman Houzuki Hezou, que a partir de ahora formará pareja con Kisame…

Suigetsu esbozó una sonrisa de sumo placer con su enorme boca, satisfecho por la noticia. Kisame sonrió con diversión.

- Karin formará pareja con Jûugo, el último integrante de Taka… y Zetsu será mi compañero a partir de ahora
Madara hizo una pausa para que sus palabras fueran comprendidas.

- Ahora, permítanme explicarles el siguiente paso a seguir…

* * *

Capítulo 3: Un ángel maniatado


- No obtendréis más ayuda ni de mi parte ni de parte de esta Aldea – sentenció Konan, mientras contemplaba su ciudad, triste y gris, desde el mirador desde el cual lo hiciera Nagato tiempo atrás.

- Ya veo… - se sonrió Zetsu.
- En estos instantes debería detenerte y llevarte a ejecución. Pero por nuestra antigua relación como compañeros, te concederé el favor de no hacerlo. Márchate y dile a tu líder que Amegakure ya tiene un Kage en el que confiar. No pienso traicionarles – se dio la vuelta y lo miró con ojos vidriosos. La melancolía que le causaba haber perdido a su único ser querido le embargó y no fue capaz de contenerla más.
- ¿Dónde está ese odio que tanto ansiabas desfogar con aquellos que destruyeron tus sueños y todo lo que amabas? – Madara irrumpió en la estancia. Konan no se asombró. Sólo quedó mirándolo fijamente.
- Ha desaparecido con Nagato. He decidido creer en Naruto, al igual que hizo él. Sé que hará algo importante por Konoha y por las demás Aldeas Ninja.
- Entiendo… - era imposible acompañar el tono de comprensión que emanaba de la voz de Madara, pues sus facciones siempre estaban ocultas bajo la máscara espiral, que sólo permitía vislumbrar su ojo.

Los ojos precavidos de Konan, que aún seguían clavados en el Uchiha, perdieron cualquier atisbo de vida en un instante. La joven kunoichi se desplomó en el suelo, inerte.

- ¡Tan frágil como una figura de papel! – exclamó el lado oscuro de Zetsu, decepcionado.

El cuerpo de la mujer se deshizo en hojas de papel, que se diseminaron por toda la habitación, distrayendo a los Akatsuki. Las hojas de papel, a la velocidad del parpadeo se unieron, formando el cuerpo de Konan, alzando un tanto al cuello de Zetsu.

- Propio de vosotros atacar de esta manera tan cobarde, pero esta vez nos movemos en mi terreno… - dijo Konan, segura de sí misma.

Al decir esto, un escuadrón de ANBUs locales apareció de la nada y asaltaron a Zetsu. Zetsu, previendo esto, partió su cuerpo por la mitad, y cada parte regeneró la mitad restante, de forma que hubieran dos seres idénticos. Esta maniobra despistó a los ANBU unos instantes, pero consiguieron contener a ambos en sendas prisiones de roca gracias a un Doton: Kekkai Doroutoumu.

Konan alzó un brazo y de éste se creó una espada de papel. Si bien esta técnica pudiera parecer ofensiva, Madara sabía que no podía subestimar el poder de Konan. Por algo resultó ser siempre un valioso miembro en su organización. Madara.

Konan se arrojó contra Madara y mientras acortaba distancias, fue formando múltiples shurikens de papel, que se dirigieron veloces y certeros contra su oponente. Madara los desvió todos con una sola mano y detuvo con el antebrazo el primer envite de Konan con la espada.

Zetsu surgió del suelo enfrente de los ANBU, y su clon detrás. La enorme planta de su cabeza comenzó a segregar por litros una baba pastosa y nauseabunda, que desprendía un fuerte olor ácido.

- Es hora de comer… - sendos Zetsu arrinconaron a los ANBU y los devoraron sin piedad.

Konan retrajo la espada hacia sí, retrocedió unos pasos, hizo un amago e intentó un tajo horizontal a la altura de los tobillos, pero la espada simplemente traspasó a Madara, como si éste fuera un fantasma.

- Konan… es tu última oportunidad… - advirtió Madara.
- ¡Antes muerta que servirte a ti!

Konan ejecutó una serie de sellos complejos. Las paredes, el suelo y los muebles se hicieron papel. Un gran sillón se deshizo en mil hojas que volaron hasta Madara y lo recubrieron por completo. Igual sucedió con Zetsu, el cual había terminado de consumir los cuerpos de los ANBU.

La ex Akatsuki se materializó de nuevo en carne y hueso, y entonces, sucedió lo inevitable. Su cuerpo quedó inmóvil, y poco a poco sintió que su voluntad la abandonaba. Le costaba pensar por sí misma, y dejó de ser dueña de su cuerpo. Sólo pudo observar horrorizada como sus propias mano realizaban los sellos que deshicieron la prisión de papel de Zetsu y Madara. El líder Akatsuki, con una expresión decepcionada y grave la miró.

- Si no te unes a mí de nuevo por tu voluntad, lo harás por la mía.

Konan no pudo contestar. Lágrimas frías de angustia brotaron de sus ojos.

- A partir de este momento, Amegakure volverá a pertenecer a Akatsuki – sentenció Madara. – Bien… vámonos. El plan debe continuar.
El lado desquiciado de Zetsu emitió una sonora carcajada. Ambos abandonaron la estancia y el cuerpo de Konan los siguió obedientemente.

* * *

Continuará...

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MensajeTema: Re: La Resurrección de Akatsuki   Mar Feb 23, 2010 11:24 pm

Capítulo 4: Amanecer


- ¡Por favor, Ino-chan! ¡Sólo esta vez! – rogaba Naruto a su compañera, la cual se mostraba rehacia a aceptar.
- ¡He dicho que no! En ningún momento me haría pasar por novia tuya para darle celos a la tonta de Sakura. Si de verdad quieres salir con una frontona como ella, búscate la vida.

Naruto bajó los hombros, decepcionado.

- Jo… Sakura-chan nunca se fijará en mí a este paso…

Mientras tanto, desde el resguardo de una esquina, Hinata observaba a su amor no correspondido en silencio.

- …

* * *

Tsunade, la quinta Hokage se encontraba, como cualquier otro día, obedeciendo las rutinas del cabeza de la Aldea.

- ¡Papeleo, papeleo y más papeleo! ¡Estoy harta! Ya sabía que el trabajo de Hokage no era un camino de rosas, pero de eso a esto…

Observó con extrema irritación los interminables montones de hojas y documentos que se hallaban en la mesa.

- No se preocupe, Tsunade-sama. Yo siempre puedo ayudarle con estas cosas… - la intentó animar Shizune.
- Bah, ¡déjalo! Si es mi deber, lo tendré que hacer. Si no, ¿por qué demonios acepté el puesto, verdad? – la Hokage se rascó la cabeza y justo cuando iba a coger la taza del té, para apurar un sorbo, ésta se quebró.

Después de eso, todo fue silencio y una pesimista expectación por parte de las dos. El rostro de Tsunade se tornó serio y concentrado, como si aguardara algún hecho venidero sumamente desalentador.

Sus sospechas no hicieron más que confirmarse cuando su rostro fue arañado de pronto. De su mejilla comenzó a brotar sangre. Tsunade, alarmada, se llevó una mano a la pequeña brecha.

- ¡Tsunade-sama! – exclamó Shizune.

La risa metálica y fanática de Hidan resonó a la puerta del despacho. La puerta se abrió y tras ella apareció Uchiha Sasuke, mientras que a sus espaldas se desplomaban los cuerpos de los guardias ANBU que sin éxito trataron de detenerlo.

- ¡Uchiha… Sasuke! – balbuceó Tsunade, sobrecogida por el vertiginoso hilo de los acontecimientos, que se sucedían tan rápidamente que aún los intentaba asimilar.
- ¿Y dices que esta tipa es el Ninja más poderoso de Konoha? ¡No te rías de mí! – bufó Hidan, desilusionado. – ¡Ni se ha dado cuenta! - expulsó una sonora carcajada.
- Vas a venir con nosotros. Si no hay resistencia por tu parte, no habrá más heridos.- Sasuke la advirtió con tono grave.
- Sasuke… ¿cómo has podido…?- Tsunade intentó contener la rabia que ardía en ella, y el esfuerzo le costó algunas lágrimas de resignación.

La Hokage siguió compungida a sus secuestradores sin decir una palabra más. Estos la hicieron cambiarse de ropa y llevar un sakka durante el trayecto para evitar ser reconocida. Sasuke, en un movimiento imperceptible había dejado inconsciente a la ayudante de Tsunade antes de partir, de modo que no supusiera un obstáculo.

Durante el rápido viaje los tres callaban. El aire de suficiencia de Hidan, que se hallaba en su retaguardia, irritaba a Tsunade. Atravesaron como flechas incansables el espeso bosque de Konoha, donde crecen en multitud altos pinos y enormes robles, entre los cuales se intercalan helechos y demás arbustos perennes. Las pequeñas alimañas que poblaban el bosque corrían asustadas al verles pasar.

* * *

- Las condiciones del trato son simples: si nos ayudas en cierto asunto, nosotros te liberaremos a ti y a tus amados ciudadanos…
- ¿Qué? ¡¿Habéis secuestrado a más gente de la Hoja?!
- Si no colaboras… las represalias serán terribles… - avisó Madara.

El gesto de Zetsu se torció en una mueca de superior complacencia al escuchar esto. Tsunade, colmada de impotencia, preguntó a Madara qué rol debía desempeñar para él.
- Queremos que traigas a la vida a Kakuzu y a Nagato.

Capítulo 5: Un chantaje diabólico

- ¡Eso es imposible! ¡Yo no puedo resucitar cadáveres! – protestó Tsunade consternada por lo descabellado de la petición.
- Estamos seguros de que tú eres capaz. Eres la única Ninja médico en los cinco países, aparte de Orochimaru y el desaparecido Kabuto, que es capaz de hacerlo. No debes preocuparte por nada si jamás habías investigado sobre ello. Tenemos todos los archivos recogidos por Orochimaru hasta la fecha de su muerte acerca de la resurrección de muertos. Tenemos la certeza de que tú serás capaz de entenderlos, completarlos y ponerlos en práctica con éxito.

Tsunade negaba en silencio con la cabeza. Traer a los muertos de vuelta a la vida. Era algo que ella jamás se había planteado hacer. Su moralidad le impedía si quiera pensarlo. Pero Madara había dejado claros los términos de su chantaje. Y, por miedo a lo que pudiera hacer, Tsunade accedió.

- No sé cuán lejos podré llegar, pero lo intentaré… si me prometes que no harás daño a ninguno de los habitantes de la Hoja.
- Me parece bien… -concedió el poderoso Uchiha, complacido.
- Si requirieses de cadáveres para tus experimentos previos, sólo tienes que pedirlo. No queremos que falles a la hora de la verdad… - advirtió Zetsu.

La Hokage asintió de nuevo y acompañó a Zetsu a unas improvisadas instalaciones científicas, dentro del laberinto de catacumbas de la guarida Akatsuki.


Continuará...

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